História
De ayer a hoy
En 1456 otro monarca visita Conil, Enrique IV, atraído por el renombre alcanzado por las almadrabas, en las que se decía que se capturaban 100.000 atunes al año más o menos, cifra exagerada pero reveladora de la gran importancia de la pesca del atún. La segunda mitad del siglo XV supuso la consolidación de la nueva villa, la organización de su consejo municipal, el aumento espectacular del número de vecinos, la puesta en cultivo de nuevas tierras, el relanzamiento de la ganadería y la agricultura. Los condes de Niebla y sus sucesores los duques de Medina Sidonia confirman los privilegios concedidos a los vecinos y les otorgan otros nuevos, aumentan las tierras del consejo facultándolo para repartirlas entre los vecinos sin pagar pensión o renta alguna. Todo lo que llevara a un mejor poblamiento y engrandecimiento de la villa era concedido a los vecinos con placer por los señores, con la sola obligación de ir a trabajar a las almadrabas.
El siglo XVI se inicia con cierta crisis provocada por las luchas nobiliarias entre los Ponces de León y los Guzmanes que repercutieron negativamente en la industria de la almadraba.
El sometimiento de la nobleza al poder real implantado por los Reyes Católicos, favoreció la aparición de reivindicaciones populares, pleitos de los vecinos contra los señores ante la autoridad real. De 1492 data el primer pleito que las villas unidas de Conil, Vejer y Chiclana plantean al duque D. Juan Alonso con motivo de los derechos de carga y descarga en sus puertos.
La crisis de las almadrabas provocó un aumento de los impuestos y la creación de otros nuevos, a lo que los vecinos se opusieron esgrimiendo los privilegios y franquezas otorgados a la villa en tiempos pasados. Pleitos que la libertad y apertura del nuevo reinado facilitaba plantear.
Para proteger a la población, el duque don Juan la mandó cercar de tapias en el año 1502, lo que no impidió que el día 21 de Julio de 1515 la villa sufriera un ataque de moros que ocasionó la muerte y el cautiverio de un gran número de vecinos.
Otro auge de las almadrabas se detecta a mitad del siglo XVI lo que provoca, unido al aumento de la seguridad de la villa, un crecimiento espectacular de la población que triplica su número, situándose a finales del siglo en 1.800 habitantes y a mediados del XVII en 2.700. A este auge se suma el crecimiento espectacular de la producción de cereales, trigo sobretodo, que se experimenta en este período. El aumento productivo fue debido al desmonte y roturación de gran número de tierras de los propios, comunes y baldíos realengos. Desde la mitad del siglo XVI a finales del XVII Conil conoce su siglo de oro, época de máximo apogeo y florecimiento que hace que la villa se configure definitivamente, convirtiéndose en un importante centro económico de la época.
El siglo XVIII comienza con un decaimiento en las almadrabas, pero la villa sigue creciendo gracias al aumento de la ganadería y la agricultura, el olivar y la vid. El comercio comarcal de pescados, granos, cal y tejas, dio lugar al nacimiento de una de las grandes ocupaciones del conileño: la arriería. Al final del siglo Conil tenía 4.000 habitantes.
A partir de la segunda mitad del siglo XVIII la presión fiscal de la casa ducal aumenta sobre los vecinos y los poseedores de tierras, como consecuencia de la pérdida por los señores del impuesto de las alcabalas, que revierte a la corona. Para recuperar parte de los ingresos perdidos, el duque intenta la usurpación de bienes del consejo y baldíos, como el Prado de los potros, los Tornos o incluso la Dehesa de Roche, que en el año 1775 es cedida a la familia Campana, con la fuerte oposición de los vecinos, que la recuperaron después de un largo pleito.
La nueva organización municipal propiciada por la política regalista de la Monarquía creó la figura del Síndico Personero, especie de abogado defensor en los pueblos de señoríos, por medio del cual, pueblos como Conil pudieron encauzar la oposición frente al señor y siendo en muchas ocasiones los promotores de la lucha antiseñorial de la época.
Una gran sangría económica supusieron para el municipio las guerras exteriores de la Monarquía, otra circunstancia más que unida a las anteriores provocaron la desgracia del municipio y sus vecinos por las insoportables cargas que tuvieron que padecer. Así pues, al comienzo del siglo XIX Conil presentaba una situación económica lamentable a la que viene a poner la puntilla la invasión francesa.
El siglo XIX es para Conil un siglo decadente que comienza con la ocupación francesa que arruina al municipio y a su población. Pero no todo fue negativo ya que consecuencia de la invasión francesa con sus aires liberales fue el decreto de las Cortes de Cádiz que suprimió el régimen señorial vigente durante más de 500 años. Es el siglo de la lucha antiseñorial y de la lucha por la tierra, el de la desamortización, el de la consolidación de la oligarquía agraria y el de la aparición de los jornaleros sin tierras. Se crea también un minifundismo agrario, base del actual, que se formó a partir de los repartos de tierras habidos desde 1.770 hasta 1.854, período en el que fueron asentados más de 700 agraciados en suertes de tierra de entre 3 a 4 aranzadas.
Las desigualdades sociales y las malas cosechas provocaron a finales del siglo y comienzo del XX, continuas situaciones de conflictos y desórdenes públicos, consecuencia de la espantosa miseria que vivía gran parte de la población.
A partir de la primera guerra mundial la población experimentó cierta mejoría, al tomar las autoridades mayor conciencia de la suerte de la clase obrera. Desde comienzo del siglo XX se inicia lo que podríamos llamar turismo, la llegada de familias sevillanas a pasar temporadas de veraneo o a tomar baños de aguas minero-medicinales en el manantial de la Salinilla, de propiedad municipal, declarado de utilidad pública el año 1897.
Para frenar la emigración y facilitar el sustento de numerosas familias de jornaleros pobres, se procedió por el Ayuntamiento de 1923 al reparto de nuevas tierras, creándose la colonia agrícola de Barrionuevo, primera zona del término productora de hortalizas en la actualidad. Estos repartos continuaron en 1932 con 49 parcelas repartidas en Roche y finalizando con el gran reparto de 300 hectáreas de la Dehesa de Roche en el año 1949 adjudicándoselas a 150 familias.
En la actualidad el 50% del suelo del término se dedica a cultivos de hortícolas, cereales y remolacha fundamentalmente. El sector hortofrutícola es el más importante de la agricultura conileña.
La pesca ocupa a 500 familias de la población y en los años ochenta ha visto cumplida una de sus grandes reivindicaciones: la construcción del puerto pesquero.
El sector de la construcción y los servicios está adquiriendo cada vez más importancia debido al potencial turístico de Conil. Gran cantidad de pequeños bares y comercio se mantienen de la época veraniega.
El turismo, a ritmo incesante desde los años sesenta, se ha convertido en una importantísima fuente de ingresos para la población, debido a su situación geográfica privilegiada, su magnífico clima, sus excelentes playas y el encanto natural de sus vecinos. Últimamente se vislumbra un boom turístico de ventajas manifiesta para una población con sus sectores productivos básicos en crisis, a los que hay que potenciar y cuidar. No hay que perder de vista que la riqueza de Conil está en su agricultura y su pesca. El turismo es un diamante en bruto al que ya es conveniente explotar, no perdiendo de vista que puede ser un gran complemento socioeconómico, pero no una finalidad.